Go down

Soy mudable, un "chaquetero", doy giros en "U". El título de Metamorfosis transmite la idea, pero ya lo reniego porque lo llevo puesto como un vestido abandonado en un contenedor.


Mi nuevo vicio... lo llamo así, abusivamente, para restarle importancia. Devolver al genio a la lámpara, no es moco de pavo. Persigo hilos sueltos. El drama es intentar tejerlos juntos. ¡Aunque en las proporciones adecuadas casi siempre lo logro! ¿Dónde está entonces la dificultad, diréis vosotros? Es que luego nadie sigue el hilo lógico de mis razonamientos. Y al final caigo en el agujero negro de los vacíos de memoria. Importante centrar la atención en eses detalles porque es el detalle lo que define a una persona. Y yo soy mudable, un "chaquetero", doy giros en "U". El título de Metamorfosis transmite la idea, pero ya reniego de él porque lo llevo puesto como un vestido encontrado en un contenedor.

He atravesado medio siglo de vida con el afán de desatar nudos gordianos. He pasado cincuenta años para librarme de dogmas religiosos, de falsas narrativas históricas, para vivir libre de las ataduras transmitidas por la sociedad - incluido la del dinero. Finalmente, al llegar a considerarme ateo, apátrida, sin hogar se me abren nuevos horizontes. Laicamente uno empieza a ver las cosas bajo una luz distinta. El momento crucial ocurre cuando amplía el campo visual y se detiene a reflexionar.

Por la calle, con los labios sellados, interrogo a la gente. Me basta una mirada de reprobación o una ojeada inquisitiva para provocar reacciones inmediatas. A veces me saludan. A menudo pasan de largo. Raras veces me preguntan: ¿puedo ayudarte? Y yo: ¿quieres un selfi con un pordiosero? sonrío y sigo adelante. Pero dentro de mí el diálogo continúa. Tú, con el aro en la nariz, ¿de verdad quieres ayudarme a mí? Y tú, guau guau, que aparentas mí misma edad, que recoges las heces de tu compañero de cuatro patas cuando de joven te negabas a limpiar el culo a tu bebé, ¿qué miras? A la chica super tatuada con la lengua perforada por un clavo le pregunto quién demonios le habrá metido ese clavo – y a todos, esas tonterías - en la cabeza. Por su mirada parece responder: ¿y tú qué tienes en la cabeza? Respuesta pertinente: tengo la semilla de una planta rara que ha arraigado en mi cerebro. ¿Conoces la pesadilla del Principito al descubrir su planeta envuelto por las raíces de los baobabs?

Con soltura salto a otro planeta: vivo el dilema del astrónomo de Pirandello de principios del siglo XX; la hija llora por un dolor de muelas, pero bajar a la ciudad le haría perder la oportunidad de su vida; espera el paso de un cuerpo celeste que ocurre en intervalos de siglos. Yo, al mismo tiempo, tengo el mal de cabeza de la hija y los pensamientos del padre. ¿¡Tal vez no me han oído pegar gritos de dolor?!!

Tal vez os asusto. Tenéis miedo, ¿miedo a me… un pordiosero, a la pobreza, a la guerra y sus consecuencias?

Al final de la vida ya no tengo miedo. En escéptico me he convertido. Al final de la vida, son muchas las conversiones también de personajes ilustres. Espectacular la de Pietro Aretino, el más sacrílego de todo el siglo XVI, quien al recibir la extremaunción dijo: “Y ahora que estoy ungido, salvadme de los ratones”. Yo, como ser viviente del universo, confío en la visión panteísta. Creo que cada hilo suelto puede volver a anudarse. Cada partícula encuentra una razón de ser en el conjunto cósmico. Si no habéis entendido, no os preocupéis. Ni siquiera a mi psiquiatra le resultaba todo claro; cada vez con más frecuencia sacudía la cabeza y me mandaba a casa con una pastilla de diferente color.

La rica naturaleza

Con vivos colores mira

 Los alardes de la pobreza.

Últimamente me gusta el color naranja. Los que visten de naranja me caen bien de verdad. Te entienden, no te juzgan, simplemente te acogen. Ellos también tienen una visión cósmica. Somos hijos del Universo.

¡Hare Krishna, hare Krishna, hare hare, guau guau!

(Antonio Fiorella, abril 2026)

Pubblicato il 16 aprile 2026